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miércoles, 6 de noviembre de 2019

¡Democracia «para todos», no!


«Nosotros, camaradas, no podemos estar conformes con esa falsa concepción de la democracia que consiste en dejar a los enemigos del pueblo hacer lo que se les antoje. ¡Eso, no! Cuando la reacción y el fascismo estaban en el Poder, millares de los mejores camaradas nuestros estaban en las cárceles. Los periódicos obreros, y hasta algunos republicanos, suspendidos. ¿Acaso es democracia dejar que ellos, después de haber oprimido y ensangrentado al país, se paseen libremente por las calles? ¡No! Las celdas que ocuparon nuestros hermanos deben ser ocupadas ahora por los elementos reaccionarios, y hay que proceder con mano dura contra su prensa, que alienta el pistolerismo, que arma moral y materialmente el brazo de los que atentan contra la República.

Nosotros decimos que hay que acabar con esa falsa democracia, que deja organizarse a las fuerzas que más tarde han de luchar para estrangular a la República y a las libertades populares. (Aplausos)

Democracia sí, para nosotros, para los trabajadores, para el pueblo: pero no para los enemigos de los trabajadores y del pueblo. (Aplausos) No hay democracia para los verdugos de la democracia. Nada de tolerancia con los que bombardean a la República. ¡Amplias libertades para los trabajadores, para los obreros, y campesinos y para las fuerzas que han derramado su sangre por la República y por las libertades del pueblo!». (José Díaz; La lucha por la unidad en plena reacción; Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 2 de junio de 1935)

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sábado, 2 de febrero de 2019

¿Por qué el proletariado necesita la disciplina en sus filas?


«La burguesía es la clase dominante de la sociedad capitalista. Su concepción del mundo inspira todo el ambiente de esta sociedad. Su realidad como clase es inmediatamente evidente. Cuenta con todos los recursos en sus manos, con todos los medios de instrucción, de organización y de acción. No se halla embrutecida ni agobiada por sus ocupaciones. Por lo tanto su conciencia de clase se engendra de una manera natural y espontánea y no necesita una disciplina rígida para organizarse como clase, en circunstancias normales.

Todo lo contrario le ocurre a la clase obrera. Por ello, esta clase sólo puede organizarse si sabe implantar en las filas de su vanguardia militante –el Partido marxista-leninista– una disciplina de hierro, si esta vanguardia sabe llevar la dirección única de todas las organizaciones de clase y de las masas no organizadas.

La disciplina de hierro, la cohesión monolítica, son características peculiares de los partidos marxista-leninistas, que diferencian a estos partidos de los partidos revisionistas y socialdemócratas y de las agrupaciones políticas de la burguesía y de la pequeña burguesía.

La clase obrera está acostumbrada a esta disciplina, puesto que es similar a la disciplina de la organización fabril. En cambio los elementos pequeño burgueses e intelectuales que no han asimilado enteramente la concepción proletaria del mundo, no son capaces de soportar esta disciplina que se les antoja «cuartelaria». Pues bien, precisamente el Partido es el Estado Mayor del gran ejército de los oprimidos y explotados y necesita una disciplina tan rígida como la disciplina militar –aunque cualitativamente distinta–.

Sólo un Partido que sabe imponer en sus propias filas una disciplina de hierro podrá dirigir a la clase obrera y a todo el pueblo a la revolución. Plantearse tan gigantescas tareas con un Partido que debe necesariamente abarcar a una pequeña minoría de la clase obrera, si este Partido no está férreamente unido es una tarea sin perspectivas de triunfo.

La disciplina implica el más riguroso centralismo y la negación del autonomismo, el federalismo y demás «principios» oportunistas que van en contra del centralismo democrático.

En el Partido debe haber «autonomía» de cada organización, pero esa autonomía relativa no es un principio de dirección, sino un método de trabajo. Es decir, que esa autonomía no limita los derechos de los órganos superiores del Partido, sino que consiste en el derecho y el deber de cada organización del Partido de desplegar la máxima iniciativa en el desempeño de sus tareas, dentro del cumplimiento de las instrucciones de los órganos superiores. La autonomía consiste, pues, en que al encomendar la ejecución de una tarea a una organización del Partido, el órgano superior que se la encomienda debe concederle el margen necesario de iniciativa propia.

Pero incluso esa autonomía, que no es un principio de dirección, sino sólo un método de trabajo, no debe ir tan lejos que impida o dificulte el control sistemático de la ejecución de las tareas encomendadas.

Es misión de los órganos dirigentes del Partido saber Combinar el control con el margen de iniciativa, de modo que no se caiga ni en el liberalismo ni en el ultracentralismo burocrático –el cual mata la iniciativa de los militantes y de los órganos inferiores– pero combinar ambos aspectos es tarea que incumbe a los órganos dirigentes, de modo que una organización del Partido no puede actuar en este punto a su buen saber y entender o atribuirse a sí misma el margen de autonomía que entienda necesario.

La disciplina partidaria no debe ser una disciplina ciega. Es por eso por lo que no es una disciplina cuartelaria. Nuestra disciplina es consciente, está basada en el conocimiento de unos principios organizativos, en la comprensión de las razones ideológicas de esos principios y en la libre admisión de esa disciplina, puesto que el ingreso en el Partido es voluntario y ese ingreso no puede realizarse sin conocer los Estatutos del Partido.

Nada más absurdo, pues, que calificar nuestra disciplina de «ciega». Un militante puede no comprender las razones concretas por las que se le encomienda una tarea, pero lo que sí es necesario es la subordinación de la minoría a la mayoría y de los órganos inferiores a los superiores». (Elena Ódena; Notas para la escuela del partido, 1981)

martes, 2 de octubre de 2018

Diferencias entre el matrimonio burgués y proletario según Bebel


«Pero los males conyugales van a más, y la corrupción del matrimonio aumenta en la medida que se agudiza la lucha por la existencia y el matrimonio se convierte cada vez más en matrimonio de dinero o de compra. La dificultad cada vez mayor de mantener una familia lleva también a muchos hombres a renunciar por completo al matrimonio, y así, el dicho de que la mujer debe limitar su actividad al hogar, de que tiene que cumplir su profesión como ama de casa y madre, es cada vez más una frase huera. Por otro lado, esta situación tiene que favorecer la satisfacción extraconyugal del comercio sexual e incrementar el número de prostitutas; también aumenta el número de quienes padecen de una satisfacción antinatural del instinto sexual.

En la clase poseedora, igual que en la Antigua Grecia, la mujer se rebaja con frecuencia a un mero aparato de parir hijos legítimos, a guardiana de la casa o a enfermera del marido arruinado en el libertinaje. Para su placer y para sus necesidades amorosas el hombre mantiene hetairas –llamadas entre nosotros cortesanas o queridas–, que residen en los barrios más hermosos. Otros, cuyos medios no les permiten tener queridas, lo hacen con las rameras, por las que su corazón late más que por su esposa; con ellas se divierten, y una parte de nuestras esposas es lo bastante corrupta como para hallar correctas tales relaciones [1].

En las clases altas y medias de la sociedad, por tanto, la fuente principal de los males radica en el matrimonio por dinero y de conveniencia. Mas el matrimonio se corrompe aún más con el modo de vida de estas clases. Esto afecta también a la mujer, que con frecuencia se abandona al ocio o a ocupaciones corruptoras. A menudo, su alimento espiritual estriba únicamente en la lectura de novelas ambiguas y de obscenidades, en la asistencia a obras de teatro frívolas, en el disfrute de música excitante, en estímulos embriagadores de los nervios, en las conversaciones sobre escándalos de todo tipo. O bien el ocio y el aburrimiento las induce a buscar aventuras galantes, que el hombre busca con más frecuencia aún. Corre de un placer a otro, de un banquete a otro, y en el verano se apresura hacia los lugares de veraneo para recuperarse del ajetreo del invierno y encontrar nueva conversación. La chronique scandaleuse se nutre de este modo de vida; uno seduce y se deja seducir.

En las clases bajas el matrimonio por dinero es prácticamente desconocido. Por regla general, el obrero se casa por inclinación, pero tampoco faltan causas perturbadoras del matrimonio. La abundancia de hijos crea preocupaciones y trabajos, y con demasiada frecuencia los visita la penuria. Las enfermedades y la muerte son huéspedes frecuentes en las familias obreras. El desempleo eleva la miseria a su punto más alto. Y tantas cosas que le reducen la ganancia al obrero o durante cierto tiempo se la quitan por completo. Las crisis comerciales e industriales lo dejan sin trabajo, la introducción de nuevas máquinas o métodos de trabajo lo plantan en la calle, las guerras, los desfavorables contratos aduaneros y comerciales, la introducción de nuevos impuestos indirectos, el castigo por parte de los empresarios a causa de actuar de acuerdo con sus convicciones, etcétera, destruyen su existencia o la dañan gravemente. Unas veces ocurre una cosa, otras veces otra, con lo que permanece parado durante períodos más o menos largos, es decir, pasa hambre. La inseguridad es la marca de su existencia. Estos golpes del destino engendran el mal humor y la amargura, y tal estado de ánimo se exterioriza en primer lugar en la vida doméstica, cuando cada día y cada hora se exige lo más necesario, demandas éstas que no pueden hallar satisfacción. Saltan las riñas. La consecuencia es la ruina del matrimonio y de la familia.

O bien los dos, el hombre y la mujer, van al trabajo. Los niños se abandonan a sí solos o a la supervisión de hermanos mayores que necesitan ellos mismos ser vigilados y educados. Precipitadamente se traga la miserable comida de mediodía, suponiendo que los padres tengan, en absoluto, tiempo para correr a casa, cosa que en miles de casos no es posible debido a la gran distancia existente entre los lugares de trabajo y la vivienda y a la brevedad de las pausas; cansados y extenuados vuelven ambos a casa por la noche. En vez de un hogar acogedor y agradable, encuentran una vivienda estrecha e insalubre, carente a menudo de aire y de luz y en la que suelen faltar también las comodidades más imprescindibles. La creciente escasez de viviendas, con los terribles inconvenientes derivados de ella, es uno de los aspectos más sombríos de nuestro orden social, que conduce a numerosos males, al vicio y al crimen. Y la escasez de viviendas aumenta cada año pese a los intentos de contrarrestarla en las ciudades y en los distritos industriales. Capas cada vez más amplias se ven afectadas por ella: pequeños industriales, funcionarios, maestros, pequeños comerciantes, etcétera. La mujer que por la noche vuelve a casa cansada y rendida tiene de nuevo quehaceres a manos llenas; tiene que trabajar atropelladamente para arreglar lo más necesario en la economía. Los niños se marchan precipitadamente a la cama, la mujer se sienta y se pone a coser y a remendar hasta tarde, bien entrada la noche. Le falta la conversación y el consuelo tan necesarios para ella. El hombre suele ser ignorante; la mujer sabe aún menos, y lo poco que se tienen que decir se soluciona rápidamente. El hombre se marcha a la taberna para buscar allí las amenidades que faltan en casa; bebe, y por poco que sea, consume demasiado para su condición. En determinadas circunstancias cae en el vicio del juego, que también exige muchas víctimas en los círculos altos de la sociedad, y pierde aún más, y pierde aún más de lo que se bebe. Mientras tanto, la mujer permanece sentada en casa y gruñe; tiene que trabajar como una bestia de carga, para ella no hay ningún descanso ni recreo; el hombre utiliza lo mejor que puede la libertad que le proporciona la suerte de haber nacido hombre. Surge así la desavenencia. Pero si la mujer es menos cumplidora de sus deberes, y por la noche, después de volver a casa cansada del trabajo, se busca un reposo justificado, la economía retrocede y la miseria es doble. Pero, a pesar de todo, vivimos en «el mejor de los mundos».

martes, 24 de abril de 2018

Cuando la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase revolucionaria


«En su día la Escuela de Frankfurt negó al proletariado como clase ascendente de la historia, como clase que debe hegemonizar la superación del capitalismo. Clamaba que, a causa de los medios masivos de información, la alienación existente entre el proletariado en los países de la «sociedad de consumo» era tan enorme que se había aburguesado, no pudiendo ser ya el sujeto determinante, transformador. Así algunos autores concluyeron que la intelectualidad o incluso al lumpenproletariado serían el elemento vanguardia, la capa social que cumpliría las veces de «clase determinante o ascendente», una completa aberración teórica por varias razones.

Gran parte de la intelectualidad en el capitalismo no puede sobrevivir sin prestar servicio a disposición de quien le paga: la burguesía; además la intelectualidad es una capa social que procede de varios extractos sociales, gran parte de ella sale de las capas acomodadas, sus miembros están muy alejados del peso del trabajo físico, por lo que corre el riesgo de alejarse del proletariado sino asimila su teoría y mantiene lazos cercanos con él. 

El lumpenproletariado por lo general es un elemento oportunista carente de todo principio ideológico y moral, es el esquirol y matón por excelencia, sobrevive gracias a cumplir los servicios de la burguesía, reúne en él los peores vicios de la sociedad burguesa, de hecho esta última se vale de su modo de pensar y actuar para hacer degenerar a los trabajadores, en especial a los jóvenes, propagando la cultura lumpen en los medios culturales como modelo a seguir para desactivar el movimiento proletario revolucionario.

La clase obrera es la única clase que por su lugar en la producción asegura su reproducción conforme el capitalismo se expande, no se restringe ni se descompone como ocurre con la pequeña burguesía, su carencia de cualquier medio de producción, su concentración en zonas de trabajo, hacen proclive su agrupamiento y la solidaridad entre sus miembros. El rol que ocupa en la producción le da una posición decisiva, suponiendo el mayor peligro para la burguesía en caso de que decida levantarse; la condición de desposeída de toda propiedad hace que a diferencia de otras viejas clases de la historia que pugnaban por el poder, la clase obrera no necesite tomar el poder para asegurar su poder y propiedad, sino para liberar al ser humano de toda explotación del hombre por el hombre, eso sumado a que es la única clase social que cuenta en sus movimientos históricos con una doctrina científica como es el marxismo-leninismo. Todo esto hace que sin discusión sea la clase obrera sea la clase de vanguardia, preparada históricamente para destruir al capitalismo.

La alienación no es un fenómeno exclusivo de la sociedad capitalista, ya estaba presente en el feudalismo y en otros sistemas, solo que los medios por los que se ejercía esta alienación eran diferentes, la clase obrera y el resto de trabajadores pueden repeler esta alienación si se agrupa, difunde su doctrina, analiza y expone las causas de los problemas candentes a los que encara por la vía revolucionaria.

Pese al bajo nivel de concienciación política en muchos lugares, a la burguesía le es muy difícil camuflar las contradicciones existentes en la sociedad de clases: 

Un proletario sabe distinguir que él está desposeído de los medios de producción y que un burgués los posee, que de ahí nace su riqueza y estatus, que bien puede permitirse hasta no supervisar sino delegar la fábrica en alguien, pero seguir obteniendo beneficios con el sudor ajeno; el burgués puede colocar a trabajar en la empresa a quien le de la gana, porque es suya, más allá de las capacidades y méritos. El trabajador sabe de sobra que en caso de perder su puesto de trabajo depende de que otro capitalista le requiera para poder ganarse la vida, que ni siquiera con una formación laboral adecuada o una larga experiencia tiene garantizado el jocoso derecho al trabajo que dice garantizar la libertad burguesa.

Es consciente de que en esta sociedad las profesiones no son valoradas como se debiera, que tiene mayor estatus social gente del mundo de la prensa rosa, la publicidad, un youtuber o un deportista de élite que un enfermero, un profesor o un obrero de obra. El trabajador es consciente de que en comparación con ellos cobra salario ridículo para el tiempo que trabaja y el esfuerzo que dedica en una labor de primera necesidad, mientras ellos ganan millones sin hacer nada de enjundia. Sabe que los primeros están mejor valorados que los segundos, que muchos de los primeros se dejan la piel para llegar a final de mes mientras algunos de los segundos no solo ganan millones si no que a veces ni siquiera hacen algo de valor para la sociedad, que su trabajo es una inmundicia que envenena a sus hijos.

Conoce de sobra que si comete una infracción la justicia no será la misma que para alguien famoso o cualquier adinerado. La experiencia le dice que las crisis no las pagan los ricos ni siquiera cuando la han provocado por especulaciones y corruptelas manifiestas, que siempre terminan siendo pagadas por los trabajadores con todo tipo de impuestos y ajustes económicos. Se da cuenta perfectamente de que los políticos que están en el poder y se postulan para entrar en él, no son de su misma clase social. 

Todo esto arrastra espontáneamente, quiérase o no, al proletariado hacia la lucha de clases, y a los que profundizan en las causas de esta lucha, hacia inclinaciones anticapitalistas. Otra cosa muy diferente es que a falta de un factor subjetivo como es la organización del proletariado y el estudio de su doctrina marxista-leninista y bajo la presión ideológica constante de la burguesía y sus agentes, no lleguen a buen puerto y el proletariado se desvíe.

Por todo esto, la llamada Escuela de Frankfurt tuvo una influencia brutal en los movimientos de mayo de 68, en la propia conformación del hipismo, del eurocomunismo y del postmodernismo. La «Escuela de Frankfurt» ha hecho las veces de «quinta columna» dentro del marxismo.

Esto tampoco nos puede dar pie a predicar una demofilia y una idealización de la clase obrera, aquella que acaba teorizando que «con brújula o sin ella las masas se liberarán solas», algo que no solo es necio y estúpido, sino que carece de rigor histórico y está más cercano al anarquismo y el luxemburgismo que al marxismo-leninismo y su comprensión de las relaciones entre vanguardia-masas. No por casualidad los bolcheviques se pasaron toda una época refutando estas ideas». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

martes, 8 de noviembre de 2016

Las dos principales clases sociales de nuestra época y su lucha contrapuesta: la burguesía vs el proletariado


«La lucha del proletariado contra la burguesía es dura, inexorable y se desarrolla de continuo. Frente a frente se encuentran dos grandes fuerzas sociales. De un lado, la burguesía capitalista imperialista, que es la clase más salvaje, más embaucadora y más sanguinaria que haya conocido la historia. De otro lado, está el proletariado, la clase totalmente despojada de los medios de producción, la clase oprimida y explotada despiadadamente por la burguesía, y, al mismo tiempo, la clase más avanzada de la sociedad, que piensa, crea, trabaja, produce, y que, sin embargo, no goza de los frutos de su trabajo.

Ambas clases intentan, cada una por su parte, agrupar fuerzas a su alrededor y prepararlas para conseguir sus objetivos: el proletariado para alcanzar la liberación nacional y social, para hacer la revolución; la burguesía para conservar su dominación y aplastar la revolución. Mientras la burguesía agrupa en torno suyo a las fuerzas más negras, más regresivas y criminales, el proletariado se esfuerza por ganar para su causa a todas las fuerzas revolucionarias y progresistas». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

domingo, 7 de agosto de 2016

¿Qué formas deben adoptar las organizaciones del proletariado?


«Así, pues, para la realización del socialismo es necesaria la revolución socialista, y la revolución socialista debe comenzar por la dictadura del proletariado, es decir, el proletariado debe tomar en sus manos el Poder político para, con su ayuda, expropiar a la burguesía.

Mas todo eso requiere la organización del proletariado, la cohesión del proletariado, su unión, la creación de fuertes organizaciones proletarias y su desarrollo incesante.

¿Qué formas deben adoptar las organizaciones del proletariado?

¿Cómo debe actuar el proletariado, qué vía debe seguir para realizar conscientemente su programa, derrocar el capitalismo y construir el socialismo?


«La respuesta es clara: el proletariado no podrá alcanzar el socialismo mediante la conciliación con la burguesía; indefectiblemente tiene que emprender el camino de la lucha, y ésta debe ser una lucha de clases, la lucha de todo el proletariado contra toda la burguesía. ¡O la burguesía con su capitalismo, o el proletariado con su socialismo! Esta debe ser la base de la acción del proletariado, la base de su lucha de clase.

martes, 29 de marzo de 2016

El proletariado es revolucionario sólo en la medida en que es consciente y da efecto a esta idea de la hegemonía del proletariado


«Las tareas del proletariado que se derivan de esta situación son totalmente e inequívocamente definidas. Como la única conscientemente clase revolucionaria de la sociedad contemporánea, debe ser el líder en la lucha del pueblo entero por una revolución plenamente democrática, en la lucha de todos los trabajadores y explotados contra los opresores y explotadores. El proletariado es revolucionario sólo en la medida en que es consciente y da efecto a esta idea de la hegemonía del proletariado. El proletario que es consciente de esta tarea es un esclavo que se ha rebelado contra la esclavitud. El proletario que no es consciente de la idea de que su clase debe ser la que lidere o que renuncia a esta idea, es un esclavo que no se da cuenta de su posición como esclavo; y en el mejor de los casos es un esclavo que lucha para mejorar su condición de esclavo, pero no un esclavo que lucha para derrocar su esclavitud». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; El reformismo en el movimiento socialdemócrata ruso, 1911)

lunes, 29 de junio de 2015

¿Qué entendemos los marxista-leninista por el concepto de masas populares?


«
La podrida oligarquía será apartada del poder por la masa popular dirigida por la clase obrera triunfante que no predica, sino que práctica la virtud y el amor fraternal entre los hombres y los pueblos. 

Pero camaradas, ¿qué es la masa popular? Si no contara con una fuerza aglutinante, con una clase dirigente y heredera histórica del capitalismo monopolista, sería un conjunto heterogéneo de hombres e incapaz de una acción coordinada hacia una finalidad concreta. 

Por ello, necesariamente, al hablar de la masa popular como entidad histórica que debe reconquistar la nación, restablece su soberanía y construye su civilización, surge con esplendor deslumbrante la clase obrera, la clase dirigente, la clase columna vertebral de la nación. Y surge necesariamente, como una inevitable conclusión histórica, la clase obrera, porque es la más nacional, la más consecuente, la heredera indiscutible del capitalismo monopolista, la que contiene y ha asimilado la teoría y la práctica del nuevo mundo a crear. La clase dirigente y constructiva de la nación socialista de la clase obrera». (Joan Comorera; La nación en una nueva etapa histórica, 15 de junio de 1944)